¿Por qué es importante controlar nuestro estres y ansiedad?

A una importante proporción de la población le resulta muy difícil dejar de preocuparse por cualquier tema: familia, dinero, trabajo, salud… para ellos, la ansiedad se ha convertido en un hábito, repercutiéndoles en sus trabajos y a nivel social y familiar, conviertiéndoles en consumidores habituales de medicamentos.

La ansiedad puede estar debajo de otros trastornos como la obesidad, depresión  fracaso escolar…

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta de alarma, que surge cuando la persona percibe determinados estímulos como amenazantes o peligrosos, tanto si son reales como si no. Una especie de alarma interna. El estrés es un estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal, que suele provocar alteraciones físicas y emocionales.

En la actualidad existen terapias muy eficaces, como la Terapia EMDR y la Psicología cognitiva,  para tratar el Trastorno de ansiedad. Sin embargo mucha gente que podría beneficiarse no busca ayuda por desconocimiento, acostumbrándose a convivir con los síntomas de la ansiedad: Taquicardia, opresión en el pecho, sensación de mareo, alteración en la respuesta sexual, inquietud, agobio, ganas de huir, cansancio, hormigueo, dificultad para tomar decisiones, bloqueos…

El Fundamento de estas terapias contra la ansiedad, consiste en alentar a las personas a confrontar sus creencias catastrofistas con la realidad, eliminando la evitación de los estímulos fóbicos, de forma que puedan adaptarse a las situaciones de forma realista, permitiéndoles distiguir entre lo que es realmente peligroso y lo que es prducto de su imaginación.

Actitudes que pueden prevenir la ansiedad:

A veces somos los propios padres los que trasmitimos el miedo a nuestros hijos, al tomar demasiadas precauciones por nuestros propios temores.

Hacer que el niño de manera gradual compruebe que pasa si se queda en una habitación a oscuras o si toca un animalito, le ayudara a percibir el mundo como un lugar no peligroso.  Evitar asustar al niño, aunque sea de broma, por ejemplo no darle sustos en la oscuridad…

Premiar cualquier comportamiento que implique valentía y enfrentamiento. Recordar que los miedos pueden ser adaptativos, pero a veces nos incapacitan y bloquean impidiéndonos llevar una vida normal. Entonces es el momento de intervenir y buscar ayuda psicológica.