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Una buena capacidad intelectual sin motivación puede llevar al fracaso escolar, también un trastorno específico del aprendizaje puede hacer perder la motivación por el estudio.

Ante cualquier sospecha de dificultad conviene hacer una evaluación para dar al niño los recursos y medios que necesita para poder avanzar.

Los niños siempre aprenden de lo que ven en sus modelos de referencia, sus padres, que por las instrucciones que reciben de ellos.
Es necesario darles buen ejemplo, leer delante de ellos les ayudará a coger el habito de la lectura.

Dedicarles un tiempo para ayudarlos mientras hacen sus tareas es fomentar con ellos la motivación por el estudio, les estamos trasmitiendo que estamos con ellos en su esfuerzo. A su vez les trasmitimos pautas, disciplina y constancia.

Para motivar al niño al estudio, este debe percibir que puede conseguirlo,
Y además tiene un plan en el que le vamos a ayudar.

Para ello, debemos.

  • Establecer con el niño los objetivos a conseguir, siendo realistas ajustándonos a las circunstancias y capacidad del niño. En niños pequeños deben ser a corto plazo. Es importante que el niño opine, para que se sienta participe del proyecto. En adolescentes, proponerles que nos presenten su propio plan para estudiar, los padres se dedicarían a supervisarlo.
  • Una vez establecidos los objetivos, establecer tiempos de estudio, supervisión, posibles recompensas, podemos pactarlo por escrito, para formalizar el compromiso por ambas partes. Esto evitará discusiones innecesarias.
  • No conviene estar muy encima de los niños cuando estudian, ya que fomenta la dependencia, también evitar los mensajes derrotistas, cuando el niño este cansado, podemos propornerle una actividad que le guste para cuando acabe los deberes.
  • Por último antes de recriminarle podemos hacerle ver los aspectos en los que ha avanzado positivamente, esto le dará seguridad.